Ni olvido ni perdón

Ni olvido ni perdón

Bilbao, 31 de julio de 1959. Un grupo de estudiantes radicales disidentes del colectivo EKIN ─nacido en 1952 para reaccionar contra la pasividad y el acomodo que en su opinión padecía el PNV─ funda Euskadi Ta Askatasuna. Es el nacimiento de ETA, una alternativa ideológica a los postulados del PNV con cuatro pilares básicos: la defensa del euskara, el etnicismo (como fase superadora del racismo), el antiespañolismo y la independencia de los territorios que, según reivindican, pertenecen a Euskadi: Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra (en España), Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa (en Francia).

ETA fue, es, una organización terrorista​ nacionalista vasca que se proclama independentista, abertzale, socialista y revolucionaria. Durante sus sesenta años de historia, entre 1958 y 2018, surgieron diferentes organizaciones con el mismo nombre como resultado de diversas escisiones, coexistiendo en varias ocasiones algunas de ellas, de las cuales solo sobreviviría la conocida como ETA militar.

Yo estuve allí

A finales de los años 80, me encontraba de servicio por aquellos parajes de Vascongadas, cerca de la frontera con Francia, próximos a los pasos fronterizos de Behobia, Biriatou y Fuenterrabia, ahora Hondarribia, en un BMW bastante viejo de la Comisaría General de Información, concretamente de la Brigada Central Operativa, junto con un compañero inspector que era el que conducía aquel viejo BMW. Pertenecíamos a uno de sus grupos operativos encargados de investigar todos los delitos que cometía la banda terrorista ETA. Más concretamente, estábamos haciendo un recorrido por aquella compleja geografía montañosa, verde y agreste─ hermosa y de exuberante naturaleza, diría yo─, de caseríos y pueblos esparcidos por todo el territorio vasco, para intentar recabar información de cualquier actividad sospechosa de posibles individuos que pudieran servir de “correos” de ETA. ─Un correo era aquel miembro de la banda terrorista ETA que pasaba la información y las ordenes desde Francia (donde estaba la cúpula), a los comandos operativos que se encontraban en España para cometer atentados. Dichas instrucciones las pasaban los denominados correos de ETA─ Eran los llamados años del plomo. Cada día ETA cometía algún horrible atentado asesinando, o bien a Guardias Civiles, Policías Nacionales, militares, o bien a cualquier persona que se interpusiera entre sus bombas y el destino terrible de haber estado en el lugar equivocado en un instante de sus vidas. Eran asesinados por ser españoles.

Recuerdo cada vez que entrábamos en cualquier pueblo de aquellos parajes, donde sus gentes parecía que hacían una vida normal, cuando cruzábamos aquellas pocas calles estrechas de aquellos pueblos, yo notaba que éramos observados. El ambiente que se vivía allí era en muchos casos insoportable. Era una vigilancia constante, se sospechaba de todo y todos. Cualquiera que no fuera conocido del pueblo, podía ser su enemigo. Era una atmosfera irrespirable y eso se notaba. Muchas miradas pendientes de aquellos extraños. Para aquellas gentes, cualquier forastero podía ser sospechoso de ser miembro de la Guardia Civil o Policía Nacional. Solo el hecho de nuestra presencia, podía levantar su curiosidad que, aunque íbamos de paisano, ellos siempre nos veían como forasteros. De uniforme tan solo entraba algún convoy de la Guardia Civil o de la Policía Nacional por alguna operación concreta, pues para aquellos, no éramos bienvenidos.

Por regla general en la mayoría de aquellos pueblos predominaban los abertzales, muchos de ellos simpatizantes de la banda terrorista, o incluso, activistas o informadores que en cuanto detectaban alguna presencia extraña se corría la voz y se ponían en alerta. En el caso de sospechar que podíamos ser policías, o como nos llamaban a los miembros de los CCFFSE, «chakurra kampora» (perros fuera), la cosa se podía poner peligrosa. Por lo que evitábamos ser detectados. Pero siempre el peligro estaba muy presente. Sobre todo, por los coches bomba y las bombas lapas ─artefactos explosivos que adosaban a los bajos de los vehículos para con el movimiento, pues solían tener un péndulo, estallaban y adiós ─ No fueron pocos los compañeros que cayeron así, o al ir a retirar alguna ikurriña en el monte, era una trampa deliberada para matarnos.

Pero también había muchas buenas gentes que vivían la opresión de la izquierda abertzale y tenían que convivir bajo el miedo y en algunos casos bajo el terror de aquellos. Eran ciudadanos que se sentían españoles pero amenazados en su propia tierra. A muchos de ellos se les hacía la vida imposible y al final, abandonaban sus casas para iniciar la vida en otros lugares lejos de la amenaza, la extorsión y el miedo de ser asesinados por no pensar como ellos. Pero como decía, cuando atravesábamos aquellos pueblos, la sensación que teníamos, yo al menos y creo que el resto de mis compañeros también, era una sensación de suspense, de escalofrío, mezclado con la adrenalina a tope de saber que el peligro podía acechar por cualquier sitio, incluso por aquellos tipos que jugaban tan inocentes a la pelota vasca en aquellas plazas, pues muchos de aquellos jóvenes, finalmente ingresaban en ETA con el coco comido pensando que luchaban por su “euskalerría” matando a niños, mujeres y cualquier persona inocente. Es decir, asesinaban, extorsionaban, secuestraban y reventaban con bombas a todos los que representábamos a España.

El primer asesinato

La Banda Terrorista ETA, cometió el primer asesinato el 7 de junio de 1968 matando a José Antonio Pardines, este tuvo lugar en Guipúzcoa y es considerado el primer asesinato cometido por la organización terrorista, y de aquel atentado hasta su último asesinato, el día 16 de marzo de 2010: ETA lleva a cabo su último asesinato, el de Jean-Serge Nérin, brigadier de la Policía francesa. Perseguía a unos etarras que habían perpetrado el robo de unos vehículos.

Las cifras de la barbarie de ETA

La historia de ETA está repleta de una abyecta, criminal y sangrienta trayectoria de atrocidad y sangre a manos de unos cientos de asesinos y de decenas de miles de personas que alentaron, justificaron y festejaron el tiro en la nuca, el coche bomba o la tortura de gente inocente.

Esas 3.571 acciones terroristas, 855 asesinados, entre ellos 59 mujeres y 22 niños, 2.597 heridos reconocidos, 86 secuestrados, 157.000 personas que se marcharon de Vascongadas, o 15.000 empresarios víctimas de la extorsión, es el resultado de esa barbarie.

El atentado con más víctimas fue el de Hipercor en 1987, con 21 fallecidos. El funcionario de prisiones José Ortega Lara vivió el secuestro más largo, 532 días. Aun hoy día miles de desplazados y amenazados por esas sanguijuelas siguen sin poder regresar a su tierra, pues el terror del silencio y de la amenaza sigue, aunque ETA no mate en estos momentos.

El blanqueamiento de la ETA

Pero desde que la extrema izquierda de Rodríguez Zapatero, hasta nuestros días, pasando por Rajoy, que hizo un daño inconmensurable con sus políticas de seguidismo con las mismas artimañas del PSOE, acabando con la sociedad civil y las asociaciones de víctimas como por ejemplo la AVT de Francisco José Alcaraz, entre otras cosas, el fin último de todos ellos ha sido el blanqueamiento de los asesinos: el blanqueo de la ETA. ZP, porque siempre se llevó excepcionalmente bien con la banda, además de preparar el camino a todo lo que vendría después y que hoy estamos padeciendo: la ETA es socio preferente del gobierno de Pedro Sanchez. Luego la cobardía de Mariano Rajoy, aceptando todas las políticas cobardes, traidoras y repugnantes de la izquierda. Él las asumió como suyas, porque era “una piedra en el zapato” de aquel PP pusilánime e indolente que quería llevarse bien con la izquierda y no quería molestar con estos temas. Así que decidió enterrar la fuerza social de aquellas asociaciones que reivindicaban memoria, dignidad y justicia para las pobres víctimas. Sin embargo, Rajoy las abandonó como ya lo había hecho el PSOE, que fue el que inició el blanqueo de la ETA cuando el gobierno de ZP empezó a negociar con aquellas sanguijuelas, marcando una hoja de ruta que ha continuado hasta nuestros días. Con el mismo PSOE de entonces, siempre el PSOE más criminal y abyecto, como lo demuestran sus 143 años de historia criminal. Ahora, ese mismo PSOE de Pedro Sánchez Pérez- Castejón gobierna de la mano de los verdugos de sus 12 compañeros de partido.

Desde aquel instante, donde ZP se “encamó” con los asesinos, el gobierno del PSOE dio carta de naturaleza a la banda criminal más sanguinaria de todos los tiempos.

El PSOE siempre en “el monte”

El daño terrible que siempre ha hecho la izquierda a la libertad en España se refleja en con quién ha pactado desde siempre, lo sabemos porque ya en el 36 formó un gobierno con aquel frente popular criminal y abominable que llevó a España a la guerra civil. Pero como no aprendemos y volvemos a tropezar en la misma piedra, 86 años más tarde, aquel PSOE, convertido hoy en lo mismo que fue antaño, un partido guerra civilista y criminal que está dispuesto en apoyarse de quien sea con tal de perpetuarse en el poder, tiene como uno de sus socios preferentes a la banda asesina ETA. Pues que no les engañen, Sánchez está siguiendo la misma política que pergeñó Otegi en sus sueños de independizarse de España, la diferencia es que antes lo hacía asesinando a españoles, ahora lo hacen ellos y el resto del gobierno comunista desde la atalaya del gobierno, con un poder inmenso, con ingentes cantidades de dinero público y con la intención de seguir con la idea de la secesión, aunque ahora desde la “vía política” y con el apoyo del gobierno y todos sus secuaces.

Entonces, de qué ha servido los cerca de 1000 muertos, los miles de heridos y desplazados, de miles y miles de personas que han sufrido los terribles efectos del terrorismo de estos criminales, pues parece que el sacrificio de aquellos españoles que murieron por España, no sirvió de nada, derramaron su sangre por nada y eso produce un dolor inmenso, agravado por la política de este ministro del interior, Grande MarlasCa, que de forma abyecta está acercando a presos a Vascongadas, dándolos un trato de favor, incluso, excarcelándolos a pesar de tener numerosos asesinatos, extorsiones y secuestros.

Ni olvido ni perdón

Hay una parte minoritaria de la sociedad, por regla general de izquierdas, que nos reclama, nos demanda al resto el perdón absoluto de las atrocidades cometidas de la banda terrorista ETA, que durante más de 60 años estuvo masacrándonos, aterrorizándonos y sometiéndonos al terror más abominable y deleznable que una sociedad puede soportar. Pero una sociedad tiene que sentir ese perdón, se tienen que haber cerrado todas las heridas provocadas por esa banda de malhechores. Además, deben de concurrir las acciones más importantes que esa sociedad espera y demanda de aquellos que durante tanto tiempo sembraron el terror; como es el arrepentimiento sincero, pidiendo perdón de forma clara y sentida, cosa que jamás se ha producido; la colaboración con la justicia para el esclarecimiento de los asesinatos sin resolver, cosa que nunca han colaborado; la entrega de todo el arsenal que aún permanece en su poder, y por último; el pago íntegro de sus penas y no como está ocurriendo con este gobierno, con unas políticas de excarcelaciones, acercamiento de presos, conchabeos, dádivas y políticas que denigran a las víctimas y a su memoria,  como los homenajes a etarras que se siguen produciendo en Vascongadas y otros actos deleznables y bochornosos.

No es posible el perdón y menos el olvido a quienes no han mostrado un mínimo atisbo de arrepentimiento, de comprensión a quien tanto ha sufrido por sus crímenes: las víctimas. Víctimas que en los últimos años han sido vilipendiadas, maltratadas y olvidadas por los últimos gobiernos del PP y del PSOE, del PSOE y del PP, ambos partidos han tenido un comportamiento repugnante con ellas y con todo lo que representan. Han sido olvidadas por ellos, por esos indignos representantes políticos, pero jamás lo han sido por la inmensa mayoría de ciudadanos de bien, que siempre las hemos tenido en nuestros corazones y donde siempre perdurarán en nuestro recuerdo, en nuestra memoria indeleble, pues ellas fueron aquellos héroes que murieron para que otros tuviéramos libertad, habiendo alcanzado el más alto honor: morir por España.

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