Feijóo traslada a Vox toda la responsabilidad de su crisis interna
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, negó cualquier injerencia en los problemas de Vox. Lo hizo en Bruselas, respondiendo a las acusaciones de la dirección de Vox, que ve una estrategia del PP para desestabilizarlos.
Negación rotunda desde Génova
Feijóo se desligó de la crisis en Vox y volcó en ese partido toda la responsabilidad. Preguntó: «¿Alguien se cree que el PP está detrás de las declaraciones de los exdirigentes de Vox?». Enumeró broncas internas de Vox, como la de su exportavoz parlamentario o su exlíder en Murcia, para subrayar que el PP se mantuvo al margen.
La acusación de Vox: mano del PP
En el círculo de Abascal no creen que las disputas sean casuales. Ahí ven la mano de Génova, en concreto la del secretario general del PP, Miguel Tellado. Creen que el objetivo es minar la fuerza de Vox en negociaciones para gobiernos autonómicos en Extremadura, Aragón y Castilla y León.
La guerra interna se enciende en redes
La bronca interna continuó con mensajes cruzados. Javier Ortega Smith atacó a la dirección tras su expulsión. Previamente, el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, le pidió en una carta que dejara de criticar al partido.
La chispa: resultados en Castilla y León
El frenazo electoral en Castilla y León reabrió las hostilidades. Exdirigentes críticos exigieron un congreso extraordinario para revisar la arquitectura interna del partido. La dirección de Vox lo descarta y culpa a los «despechados».
Antecedentes de una purga
La crisis se agudizó tras los resultados en Castilla y León. Exdirigentes como Iván Espinosa de los Monteros, Javier Ortega Smith, José Ángel Antelo o Rocío Monasterio exigieron un congreso extraordinario para una revisión completa del partido.
Cierre: Una batalla por el control
La situación implica una batalla interna por el control de Vox, con la dirección actual rechazando cualquier congreso extraordinario. El PP insiste en su no intervención, mientras Vox acusa a los populares de intentar desestabilizar para debilitar su posición en negociaciones autonómicas.


