PSOE y Podemos acuerdan regularizar a medio millón de migrantes
El Gobierno de Pedro Sánchez y Podemos han alcanzado un acuerdo para la regularización de medio millón de migrantes. Este pacto político se produce en un contexto de ruptura entre ambas formaciones y evita una quiebra definitiva. La medida rescata el eje izquierda-derecha en el debate político.
Un pacto contra la irrelevancia
El acuerdo evita una ruptura total que hubiera sido letal para el electorado progresista. Para Podemos, supone una victoria que le permite salir del rincón de la marginalidad. El pacto también puede interpretarse como un intento desesperado de evitar una ruptura expresa, dada la carga de profundidad que supondría.
Presión interna y funcionalidad
Dentro de Podemos existía una presión considerable para conseguir resultados tangibles tras meses de desencuentros. La medida busca reforzar su perfil ante un electorado que había perdido confianza. La pieza detrás del acuerdo ha sido trabajada también con Junts, abriendo la puerta a que Podemos respalde la delegación de competencias de inmigración a Cataluña.
Contexto de polarización y réplica
El acuerdo se da en un contexto de creciente polarización y con la extrema derecha en ascenso. La agenda antiinmigración de los ultras ha forzado posiciones más rígidas. El pacto puede despertar un discurso antiinmigración desde el sector más radicalizado de la derecha, que puede perforar entre el electorado obrero. El populismo conservador utilizará el asunto para desgastar a Sánchez.
Un acuerdo con carga simbólica
Para Podemos, esta regularización es central en su discurso de justicia social. El acuerdo tiene la virtualidad de recordar que la construcción de complicidades entre el PSOE y su izquierda resulta necesario para la supervivencia política del Gobierno. Se ha dicho que Sánchez activó el acuerdo en clave de registro electoral, pero la regularización no permitirá a los afectados votar en generales.
Implicaciones políticas del pacto
El acuerdo sobre inmigración reposiciona a Podemos y estabiliza temporalmente la coalición de Gobierno. Reintroduce el eje izquierda-derecha en el debate, un escenario que el PSOE necesita. Sin embargo, expone al Ejecutivo a los ataques de la oposición y de la extrema derecha, que utilizarán el tema para movilizar a su electorado en un clima de polarización.


