Golpe de Estado del 23-F en 1981 fracasa tras orden del Rey
El teniente coronel Antonio Tejero tomó el Congreso de los Diputados con 200 guardias civiles durante la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo. El capitán general Milans del Bosch sacó los tanques a la calle en Valencia. El Rey Juan Carlos I ordenó a los militares sublevados regresar a los cuarteles.
Desarrollo del intento de golpe
La acción se inició la tarde del 23 de febrero de 1981. Tejero irrumpió en el hemiciclo al grito de «¡Quieto todo el mundo!». Los diputados Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y el teniente general Gutiérrez Mellado se mantuvieron en sus escaños. Milans del Bosch proclamó el estado de excepción en Valencia y contactó con otras capitanías. Los golpistas ocuparon RTVE para controlar la información.
La respuesta de la Corona
El jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo, contactó con los mandos militares. Juan Carlos I grabó un mensaje televisado vestido con uniforme de capitán general. Declaró que «La Corona no puede tolerar acciones que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático». Tras el mensaje, los mandos dudosos acuartelaron a sus tropas.
Antecedentes de la conspiración
El golpe se gestó en un momento de tensión durante la Transición. Los gobiernos de Adolfo Suárez enfrentaron la resistencia de sectores franquistas y la campaña de ETA. Una trama anterior fue la Operación Galaxia en 1978, impulsada por Tejero y el capitán Ricardo Sáenz de Ynestrillas. La dimisión de Suárez el 29 de enero de 1981 obligó a los conspiradores a adelantar la fecha.
Consecuencias y juicio
Milans del Bosch retiró los tanques tras el mensaje real. Tejero se rindió a las 12:00 del 24 de febrero. En febrero de 1982, un consejo militar juzgó a 32 militares y 1 civil. Tejero y Milans del Bosch fueron condenados por rebelión militar a 30 años de cárcel. El general Alfonso Armada también recibió 30 años. El civil Juan García Carrés fue condenado a 2 años.


